El desafio del programa nuclear persa


La revolución Islámica condujo a Irán a ocupar una situación especial y atípica en las relaciones con la comunidad internacional. Algunos ejemplos: la toma de la Embajada de los EE.UU. en 1979, la Guerra con Irak durante 1980 – 1988 o la singular relación de este país musulmán con el resto del mundo árabe.

En los últimos años, la energía nuclear ha sido el denominador de todos los temas que se refieren a la agenda con Irán. Desde los tiempos del Shá, que gobernó entre 1941 y 1979, la administración iraní ha insistido en desarrollar esa industria con fines inicialmente pacíficos. En el Gobierno del Shá, el programa nuclear recibió apoyo de Alemania y Estados Unidos para el desarrollo de esa industria. Pero al estallar la Revolución y luego de la muerte del Ayatollah Khomeini, el sucesor Ayatollah Khamenei, secundó los nuevos desarrollos sin titubeos. Esta vez la ayuda vino de Paquistán, con la venta de reactores y transferencia de tecnología.

Según el Derecho Internacional, todo desarrollo en materia nuclear debe realizarse bajo la estricta supervisión de la Comunidad Internacional, en este caso, Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de la ONU. Al principio, Irán cumplió con esta obligación de forma poco transparente y confiable. Pero a partir del año 2005, la AIEA denunció la falta de cumplimiento de sus obligaciones internacionales.

Frente al incumplimiento de Irán, estas denuncias pasaron al Consejo de Seguridad de la ONU, que decidió aplicar las sanciones previstas en la Carta de las Naciones Unidas. Estas represalias están contenidas en las Resoluciones 1737 del año 2006, 1747 del 2007 y 1803 del año 2008. Las sanciones establecen la obligación para todos los miembros de no realizar ningún tipo de colaboración que permita la transferencia de tecnología o insumos para continuar con el desarrollo del programa nuclear. Estas sanciones se conocen comúnmente como “bloqueo” y en la práctica impiden cualquier colaboración industrial, comercial, financiera, militar o de cualquier otra índole con ese país. Estas sanciones fueron impuestas por el Consejo de Seguridad, es decir, con el voto de China y Rusia, así como el resto de los países occidentales; además la ONU estableció un mecanismo especial para supervisar que fuesen ejecutadas. Algunos países, en cumplimiento de estas sanciones las han incorporado a su legislación nacional, como es el caso de Estados Unidos y algunas agencias especializadas de la Unión Europea.

El Presidente Hugo Chávez en noviembre pasado, anunció que no reconocería esas sanciones de la ONU. Venezuela apoya a Irán en su política desde el año 2006, ya que nuestro país ha votado en contra de cualquier sanción en el seno de la AIEA. Es conveniente recordar que este voto estaría en contra de los principios constitucionales que orientan la política internacional, de acuerdo con el texto de 1999. Sin embargo, aunque el Presidente Chávez no lo comparta, la comunidad internacional ha aplicado a Venezuela diversas sanciones por la colaboración con Irán. Revisemos algunos de los casos: El Banco Internacional de Desarrollo de Internacional, una entidad filial del Banco de Desarrollo de Exportación de Irán, que opera en Venezuela y cuyas operaciones internacionales que tengan que pasar por alguno de los centros de referencia mundiales, es decir: Nueva York, Londres o cualquier otro país occidental, están ya bloqueados. Estas medidas han afectado igualmente personas, agencias de viajes y otros negocios acusados de violar directa o indirectamente las sanciones impuestas a Irán.

La Secretaria de Estado Hilary Clinton señaló directamente, por primera vez, a Venezuela y Bolivia, de colaborar directamente con Irán. Estas declaraciones fueron secundadas días después por el Secretario de Defensa de Estados Unidos, quien informó que a partir del año 2010 se endurecerían las sanciones para el país persa, como consecuencia del anuncio de nuevos desarrollos nucleares y la falta de supervisión internacional de los mismos. Este anuncio podría afectar directamente a Venezuela, ya que el incremento de las sanciones se movería en dos sentidos; el primero reforzar las ya existentes por los puntos donde no se estarían cumpliendo y en segundo lugar, crear nuevas restricciones, que comenzarían a impactar en la calidad de vida de los habitantes de Irán.

En Venezuela, pensamos que las sanciones de la ONU no tienen una consecuencia práctica, por el hecho de haber sido siempre un país respetuoso del Derecho Internacional. Pero sólo baste recordar, cuando el Presidente Chávez fue el primer presidente que rompió el bloqueo a Irak y se paseó por las calles de Bagdad con Saddam Hussein. La historia reciente da cuenta del final del régimen de Hussein y la moraleja de la violación permanente del Derecho Internacional.

Publicado en el diario El Nacional, Caracas, 27 de Diciembre de 2009

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