Llamela negra


La recién designada Alta Consejera Presidencial para la Equidad de la Mujer en Colombia, Nigeria Rentería, declaró en una entrevista para la Revista Semana de Bogotá, “exijo que me digan negra”.

Explicó en la entrevista que se reconoce como “afrodescentente” pero “el problema es que no se de que parte de África. Entonces, independientemente de mis raíces, prefiero sentirme orgullosa de ser negra”.

He querido traer este tema a la columna de esta semana para abordar los complejos problemas de balance de genero y de razas que en el mundo contemporáneo se están desarrollando. Por un lado, las batallas por igualar géneros, derechos sexuales  y reproductivos con los amplios debates sobre la legalidad de los matrimonios de las personas del mismo sexo.  Por otro lado, los temas de discriminación racial en todo el mundo, desde los deportes hasta la política, parecen no terminar con una completa erradicación de los racismos y discriminaciones.

Sin embargo, una forma en que las sociedades en el mundo, pero especialmente en nuestro país,  han  construido para solucionar problema, son los cambios de denominación para visibilizar la situación y supuestamente de esa manera forzar la igualdad. Por ejemplo, incluir la denominación en los dos géneros, para referirse a todos por igual, fiscal o fiscala, medico o medica, por nombrar algunos, sin dejar a un lado el tema que le da titulo a esta columna, “no me llame negro, llámeme afro-descendiente”.

En este caso, lo que pretende ser una reivindicación racial, termina siendo un desarraigo histórico, social y cultural, que termina dañando tanto a quien lo dice calificando como a quien lo recibe como una reivindicación.

La Consejera Colombiana reivindica el gentilicio del negro o negra, que en nuestro país ha tenido una connotación positiva,  salvo en los casos que se utiliza como una forma de separar o estigmatizar. Por favor, llámeme negra, de la alta funcionaria colombiana simboliza un tema difícil de abordar de otra forma.

No porque se incluya los dos géneros se rompe una cultura machista o patriarcal; no porque se relativice el termino negro, se abandona la discriminación racial o porque se declare la no discriminación, los derechos de las comunidades LGBT son respetados por la normativa jurídica.

Quizás la mejor forma de abordar estos temas, junto a la funcionara colombiana es llamar a las cosas por su nombre, socializarlas en positivo y permitir una interacción entre los diversos grupos vulnerables y la comunidad que los recibe de forma normal, dejando que el Derecho Internacional de los Derechos Humanos modifique desde arriba los problemas legales internos, facilitando la igualdad en todos los niveles.

La no discriminación es un derecho humano fundamental, pero no por los cambios de nombre se logrará la verdadera erradicación de estas formas de separación y disminución entre  hombres y mujeres.


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