Guido y los Derechos Humanos


El activismo y la defensa de los derechos humanos en el continente no es lo que era antes.  El discurso de los gobiernos del continente ya no esta en boga, especialmente desde que los gobiernos del socialismo del siglo XXI y los países emergentes como Brasil, han arremetido contras las instituciones que en muchos casos intervinieron para salvaguardar la vida de muchos de los dirigentes de los estados que ahora debilitan las instancias de protección del Sistema Interamericano.

Por ello, cuando una buena noticia por la defensa de la derechos humanos logra la primera pagina de los periódicos, tenemos todos que alegrarnos, no solo por la solución del caso en sí, que vamos a revisar a continuación, sino porque nos recuerda que la lucha esta a favor de los débiles, a favor de los ciudadanos en contra de los gobiernos todo poderosos.

La semana pasada, la presidenta de las Madres de la Plaza de Mayo, organización dedicada a luchar por los derechos de las victimas de la dictadura militar argentina y en particular recuperar a los aproximadamente 400 bebes robados a las activistas políticas presas en las cárceles durante la dictadura, recuperó a su nieto, que representa el 114 de esa negra lista.

Laura Carloto, hija de Estela de Carloto, fue encarcelada en Noviembre de 1977, ya embarazada de su esposo, Oscar Montoya.  Un día después de la victoria argentina en contra de Holanda en la final del Mundial de Futbol de 1978 en Buenos Aires, nació su hijo Guido.  Pocas horas después del nacimiento del bebe, los militares le quitaron a su hijo y poco tiempo después fue llevada de la famosa Escuela de Mecánica de la Armada a otro centro de tortura llamado La Cacha, donde finalmente  fue asesinada.

Las leyes de punto final aprobadas para proteger a los victimarios, los años de lucha para hacer perder el miedo a los que detentaron el poder y seguían con sus privilegios, decisiones de la Comisión Interamericana y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, dieron su fruto y permitieron que un músico de jazz, director de una orquesta de pueblo, se preguntaba como siendo hijo de unos campesinos sin educación podía componer y sentirse tan cerca de la música.  Cuando increpó a sus supuestos padres, le indicaron que era adoptado y de allí a inscribirse en el Banco Nacional creado para recuperar la identidad de todos los y las niñas robadas fue un paso.

Así, Ignacio Hurban se re-encontró con su abuela y paso a llamarse Guido, como su abuelo, como había querido su madre. Así el deseo de una madre, de una abuela venció a la prepotencia de los militares, de la dictadura, de los todopoderosos.  Solo ese caso justifica todos los esfuerzos. Y es así, siempre las causas justas terminan imponiéndose, no importa cuanto tiempo pase, cuanta injusticia se sufra. Si no, pregúntenle a Guido y a su nueva Abuela.

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