Democracia y voto




La democracia como sistema de gobierno implica, no solo la alternancia en el poder, con personas y equipos de gobierno. Sino sobre toda las cosas la posibilidad de corregir o apoyar las políticas que lleva adelante el gobierno, incluida la política internacional que los jefes de estado llevan adelante.

Esta semana hemos tenido ocasión de ver el objetivo de la evaluación del electorado de dos políticas internacionales, opuestas geográfica e históricamente: Irán y Alemania.

En el caso iraní, en nuevo jefe del Ejecutivo persa, el clérigo moderado Hasan Rouhaní. Las promesas de llevar adelante una política menos confrontacional y basado en el dialogo, se ha mostrado en la práctica. El presidente Rouhaní en el marco de la Asamblea General de la ONU ha presentado un discurso con todos los elementos necesarios para construir un dialogo: reconocer los temas políticos básicos, la agenda con Israel y una oferta clara en el tema nuclear.  Además, ha anunciado una reunión con seis potencias mundiales en el marco de la Asamblea General para reanudar las conversaciones sobre el tema nuclear.

Por otro lado, las elecciones federales en Alemania han dado un respaldo, casi absoluto a la gestión de la Canciller Angela Merkel, pero en especial a su policía europea.  La señora Merkel, conocida como la reina de Europa, ha impuesto una receta de austeridad y profundización de la integración comunitaria que ha recibido el respaldo de su electorado.

Estos dos casos, opuestos en casi todos los aspectos muestran un tema común: el control popular de la política exterior. Por años, los gobiernos han considerado esta parte de la acción exterior como un tema ajeno a la agenda de la política pública sujeta a control político y administrativo.  Muchos autores realistas han explicado siempre que el hombre de a pie no entiende de la política internacional, el desarme mundial o la ONU. Por ello, esa gestión no requiere de transparencia o control soberano.

Me temo que esa visión es incorrecta en lo teórico y errada en lo político, aunque en la práctica en nuestro país la Constitución vigente sigue manteniendo unos postulados donde el Presidente toma decisiones, sin reportar al legislativo o al pueblo soberano. Una muestra fueron las denuncias a diversos tratados de la Comunidad Andina o el Sistema Interamericano de DD.HH o el alineamiento del país con ciertos y determinados ejes, sin que se puede controlar tales acuerdos.

El voto siempre decide, el control popular sobre las decisiones del Ejecutivo es el paradigma y destino de cualquier democracia, aunque a veces ello requiera muchos fracasos y años de esfuerzo.

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