Corte Interamericana


El día martes pasado, tuve oportunidad de asistir al 94º periodo de sesiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La casona donada por el Gobierno de Costa Rica en el barrio de San Pedro en San José se levanta con esa dignidad tan especial que tiene quien cumple su deber. En la sala de Sesiones, las fotos de los Magistrados envían un mensaje de continuidad histórica, donde el nombre de Venezuela destaca con importantes figuras, como el caso del ex Presidente de la misma, Dr. Pedro Nikken o de algunos compatriotas que desempeñaron esa responsabilidad como los profesores Orlando Tovar, Asdrubal Aguiar o Alirio Abreu Burelli.

La sesión a la que asistí fue el caso llamado “Caso Pacheco Teruel y otros vs. Honduras” referida a la muerte de 107 personas privadas de libertad que ocurrió el 17 de mayo de 2004 en la celda No. 19 del Centro Penal de San Pedro Sula. Antes de la audiencia, la Procuradora de Honduras y el Agente del Estado, reconocieron la responsabilidad internacional de ese país en el mal manejo del tema carcelario. En el arreglo se estableció un fondo de un millón seiscientos mil dólares para reparar a las víctimas, así como la organización de un acto en desagravio a todos los familiares de los muertos; así como iniciar la construcción de nuevas cárceles con supervisión de la sociedad civil.

Aunque el Estado Hondureño anunció un arreglo negociado, la Corte Interamericana en seguimiento del nuevo Reglamento, continuó con los testimonios de las víctimas y los expertos. La madre y la esposa de dos fallecidos tomaron la palabra y presentaron el drama de los familiares de las personas privadas de libertad en Honduras. La historia es la misma de cualquier país Centro América, de todo el continente y en particular de nuestro propio país.

Cuando un estado pequeño y con pocos recursos como es el caso de Honduras, acepta la responsabilidad internacional y además permite que la comunidad internacional colabore en la búsqueda de soluciones está ayudando a que el sistema internacional de protección de los derechos humanos actúe, en sus dos grandes pilares: promoción y protección.

Cuando la madre de ese joven que murió víctima de la falta políticas apropiadas de un estado, puede tomar el estrado de una corte internacional y acusar a los representantes de su gobierno, de prepotencia, falta de atención y en general un descuido cómplice para con sus ciudadanos, todo el Derecho Internacional de los Derechos Humanos tiene una razón y un sentido. Todo el trabajo tiene un propósito y una justificación, todo el esfuerzo de tantos años vale que una persona, al menos, se sienta reparada.

El caso de Honduras es una buena lección para nuestro país y nuestro propio sistema carcelario, que en vez de aceptar la situación e intentar arreglarla, bloquea las visitas de los Relatores de la OEA en el tema y acusa a todos de conspiración. Las lecciones se pueden aprender de cualquier lugar del mundo, es tiempo de reflexionar antes que el daño sea aún mayor.

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