Desde el exterior


Viajar siempre es bueno y especialmente importante para quienes pretendemos transmitir en los medios la realidad de lo que sucede fuera de las fronteras de nuestro país.

En las últimas semanas he tenido la oportunidad de visitar el sur de la Florida y Costa Rica. Interactuar con la gente, percibir las sociedades al viajar por Miami y San José nos permiten reafirmar algunos de las tendencias que podemos evidenciar de la realidad internacional contemporánea.

La primera de ellas se refiere al Brasil y al sexto lugar que ocupa en la economía del mundo. En las calles y centro comerciales de Miami, brasileros con grandes carros alquilados, compran sin dudar en tiendas y restaurantes. Los dependientes ya dominan los rudimentos del portuñol salpicado de un interesante spanglish. Hace solo algunos años, estas mismas tiendas estaban ocupadas por europeos que aprovechándose del euro llenaban sus maletas. Hoy, salvo los brasileros, es difícil distinguir un grupo nacional. En esos mismos restaurantes, venezolanos sirven las mesas y cantan para entretener a quienes ahora tienen recursos.

En segundo lugar, es importante destacar la percepción de los venezolanos en esas tierras. En las tiendas te recuerdan que las tarjetas venezolanas de CADIVI no suelen pasar a la primera y luego con cierta condescendía, te preguntan si es cierto que solo se pueden gastar US $ 2,500 por persona. Las preguntas sobre la naturaleza del control, casi único en el mundo hoy por hoy, siempre están presentes.

En tercer lugar, ya no se pregunta sobre el Presidente Chávez, sino el éxito de las elecciones primarias y la posibilidad de que la oposición se presente unida frente al gobierno. Los medios de comunicación locales en San José o Miami daban cuenta como venezolanos el domingo pasado, sin el apoyo de sus consulados, organizaron sin recursos a sus compatriotas para expresar la voluntad popular y el deseo de construir un país, aunque la vida haya puesto a muchos fuera la patria que los vio nacer.

Por último, un hecho que no puede dejar de llamar la atención al salir o entrar al país por Maiquetía, es el significativo retroceso que las líneas aéreas venezolanas muestran. La pista parece un museo de la aviación, en ningún lugar del continente se concentran tal cantidad de aviones 737 o DC9 de primeras generaciones, pertenecientes a las décadas de los 60 y 70, altamente contaminantes y con índices de seguridad inferiores a los contrapartes que vuelan en la mayoría de las aerolíneas de la región. Atrás quedaron las épocas de los Costellations o Viscounts de Aeropostal en los cincuenta, los caravelles de Avensa en los sesenta o los inolvidables DC10 de Viasa de los setenta y ochenta.

Viajar es bueno. Nos permite ver la realidad internacional, pero también nos permite vernos a nosotros mismos; reinterpretarnos a la luz de la realidad que nos rodea. Aunque a veces no sea lo que queramos ver.

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