Siria, ¿nueva Libia?

El último capítulo de la primavera árabe se vive en Siria y en especial en las calles de Damasco. El encadenamiento de los medios de comunicación alrededor de lo que para muchos es un obvio efecto dómino, parece simplificar el análisis y muchos ya esperan la inminente caída del régimen sirio. Pero como siempre, es más fácil la teoría que la práctica.

El régimen sirio es muy distinto del libio. El gobierno en Siria encabezado por el Bashar al-Assad, tiene muy poco que ver con la figura Gadafi. En este caso, el partido Baaz, tiene gran fuerza en el gobierno y el gobernante al-Assad es el fruto de una sucesión presidencial, donde su padre lo designó como jefe de estado, frente a su hermano que es el hombre fuerte dentro de las fuerzas armadas. El poder en ese país árabe se mueve dentro de estos tres ejes muy dinámicos, que obligan a un ajuste interno permanente. Sin embargo, estos ajustes en los últimos días parecen oscilar de mal a peor.

Los miembros de las fuerzas armadas, con el hermano del presidente a la cabeza, buscan una solución militar completa, que se complica con las delaciones al interior del ejército. El día miércoles un ataque de fuerzas disidentes a un cuartel militar podría cambiar la dinámica en ese grupo. El partido parece apoyar al Presidente.

En el ámbito diplomático, la Liga Árabe tiene semanas promoviendo un plan de paz, donde las distintas facciones podrían encontrarse en un lugar neutral y adelantar conversaciones. El régimen de al-Assad dio muestras iniciales de aceptar la mediación, para luego cerrar las puertas por completo a la acción internacional. Esta negativa del gobierno sirio motivó acciones contundentes del órgano regional árabe, que propuso la suspensión de la Liga.

Si la Liga Árabe no hubiera dado la autorización para el inicio de las operaciones militares en Libia, podríamos pensar que el órgano árabe no tiene ninguna relevancia. Pero esta práctica reciente podría estar abriendo la puerta para acciones de la comunidad internacional.

Sin embargo, el juego sirio es más cerrado que el libio. El eje Damasco-Teherán tiene una importancia fundamental en la geopolítica regional, sin olvidar la estabilidad en el Líbano. El anuncio de la Agencia de Energía Atómica al publicar sus conclusiones sobre el programa atómico iraní, complica el juego en toda la región. Turquía viene desarrollando una agenda independiente en la zona, que ha sido reconocida por la Liga Árabe al invitar a ese país a dialogar sobre el futuro sirio. Por último, Israel ha dejado claro la determinación de impedir que Irán desarrolle capacidad nuclear.

Estos son algunos de los aspectos a tomar en cuenta al pensar en Siria. Sin embargo, cualquier decisión tendrá repercusiones inmediatas en la paz de ese país, de esa región y probablemente del mundo entero.

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