Las cosas cambian


Una de las ventajas de los académicos, frente a los analistas o los periodistas, es que para nosotros es posible hacer un alto en el camino. Todos aquellos profesionales que comparten las páginas de este periódico conmigo, tienen la obligación de informar de cada una de las situaciones que se suscitan en cada una de las cuatro esquinas del mundo. Para mí, en representación del gremio de los profesores, no es una obligación. Para nosotros, hacer un alto en el camino, es necesario y a veces incluso imprescindible.

Estas últimas semanas en el mundo se han presentado conflictos que eran impensables hasta hace muy poco. En nuestro continente, el exitoso modelo de la transición chilena, hace agua frente a la protesta estudiantil permanente que reivindica el derecho a una educación para todos. En Libia, después de 42 años de poder absoluto, Gadafi envía a su esposa y a sus hijos al exilio árabe. En el Reino Unido, las áreas menos turísticas de Londres y las ciudades que le sirven de dormitorio arden con una protesta generalizada. Europa, acusa a sus países latinos, de un gasto irresponsable que amenaza la estabilidad de la moneda común. La India, el epitome de los no alineados y una alternativa de desarrollo, crece en protestas por la corrupción en el gobierno y China, ahora se dedica a comprar tierras y negocios en otras partes del mundo, para pagar a países más pobres lo que ellos ya no quieren o no pueden hacer.

Esta apretada sinopsis de la situación mundial se refiere a un tránsito en el modelo político internacional. La era de la multipolaridad, que puede haber dado paso el final de la guerra fría, parece terminar frente a las nuevas realidades emergentes. Referirse a una era post-guerra fría tampoco parece exacto, porque los denominadores de esta nueva etapa son difíciles de identificar, si es que ello es posible.

La llamada globalización de principios del nuevo milenio ha dado paso a una visión más antropomórfica, donde el ser humano que maneja un teléfono celular con acceso a alguna de las redes sociales conocidas, o cualquier blogero en la red, tiene el poder de movilizar a miles para protestar por las causas que consideran injustas. Estas situaciones, que pueden cambiar desde percepciones lejanas hasta realidades palpables varían de un lugar a otro. Desde la simple confrontación personal con un componente racial o comunal en cualquier ciudad europea, hasta el paquete salarial del nuevo presidente de Apple, cercano a varias centenas de millones de dólares, que podría superar cualquier sueldo que ningún jefe de estado o ejecutivo nunca haya recibido.

Las cosas si están cambiando. Las personas tienen cada vez más importancia frente a los gobiernos y las corporaciones. Pero estos ignoran el poder de uno, el poder de las comunidades actuando unidas. Se vienen tiempos difíciles para los gobiernos, e interesantes para los analistas.

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