Obama: una lectura de su memoria y cuenta


El día martes pasado, el Presidente Barack Obama presentó su segundo mensaje del estado de la Unión Americana al Congreso. 65 minutos duró su intervención, donde muchas cosas parecían iguales, pero las diferencias y los mensajes se enviaron de manera precisa.

En primer lugar, el mensaje se presenta en un momento de cierta recuperación de la imagen del presidente demócrata, que desde la derrota legislativa de hace dos meses, había bajado en las encuestas de manera constante. Sin embargo, su actuación después del ataque a la representante en Arizona le ha valido un pequeño respiro en la percepción del público. El año pasado, Obama tenía el apoyo de la opinión pública y del Congreso de su país; en esta ocasión, tendría que hablar frente al nuevo Presidente de la Cámara, el Republicano John Boehner, que sustituyó a la Señora Pelosi. Sin embargo, fue interesante que los miembros del Congreso, que pueden sentarse el día del mensaje presidencial de la forma que consideren mejor, decidieran sentarse de manera coordinada, republicanos y demócratas, con el objeto de enviar un mensaje de unidad bipartidista frente al país.

En segundo lugar, desde el punto de vista político, el mensaje fue calificado por diversas fuentes como desalentador y sin sorpresas. Como decía el editorial del Washington Post, no porque lo que dijera estaba mal, sino que no explicaba como lo haría. Y eso, en la política domestica que quiere evitar más impuestos fue un mensaje inquietante. La frase que resumiría su postura en el mensaje fue, “la generación Sputnik”, para referirse al año 1957 como el momento en que la Unión Soviética tomó la delantera en la carrera espacial y que luego de muchos esfuerzos, ganaría los Estados Unidos con la llegada a la luna en 1969. En este caso, ya no es la antigua URSS, sino la gran potencia china que parece crecer de manera tan rápida, que amenaza la supremacía multipolar de la potencia.

En tercer lugar, en política exterior hacia América Latina, los mensajes fueron al menos más visibles que en otras oportunidades. Anunció una gira, que en sí misma, parece ser una declaración de principios en la política regional: Brasil, Chile y el Salvador. Con los dos primeros no hay sorpresas, la Señora Ruseff representa mucho para el mundo como relevo en el Brasil y con Chile, se aseguran los lazos de un polo de estabilidad en el sur. En el caso de El Salvador, es toda una apuesta. El Gobierno de los Estados Unidos puede dialogar con cualquier grupo dentro de un marco mínimo, incluso con un miembro del Frente Farabundo Martí, como es el caso de Mauricio Funes. El resto de la agenda continental: migraciones, a un lado y libre comercio, sin fechas para los acuerdos firmados con Colombia y Panamá.

Venezuela y su agresiva política anti-norteamericana, totalmente fuera de la Agenda. Y parece lógico, porque el juego sigue trancado y los emisarios de ambos lados parecen no tener ningún interés en retomar un camino de dialogo. Pero, ¿Quien pierde más en el aislamiento? Revise su abasto o supermercado de confianza antes de responder la pregunta.

Publicado en el diario "Tal Cual" de Caracas

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