Iran: Brasil y Turquia. Una amistad con intereses contrapuestos


El lunes de la semana pasada, Irán firmó un acuerdo para administrar el uranio, bajo la supervisión de Brasil y Turquía, fuera de la Organización de Energía Atómica. En las fotos del encuentro, El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, y el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, se abrazan y festejan.

A lo largo de la semana, las cancillerías de los países que han seguido el tema han expresado sus dudas y resquemores sobre el Acuerdo suscrito. El Presidente Obama y el Canciller francés hicieron públicas sus reservas sobre el resultado del mismo. El Portavoz del Gobierno Alemán señaló también que ningún acuerdo podría sustituir el régimen necesario entre Irán y la Agencia Nuclear Internacional.

Los principales periódicos de las capitales occidentales han criticado el acuerdo y el foco de preocupación se desarrolla sobre el Presidente Lula y su Cancillería. El Washington Post y el New York Times han sido los más críticos de la respuesta de Obama y los Estados Unidos a la política regional, uniendo el problema con la respuesta hacia gobiernos como el de Hugo Chávez.

Sin embargo, con el Acuerdo sobre la mesa, los miembros del Consejo de Seguridad, donde son miembros Brasil y Turquía han propuesto nuevas sanciones, desconociendo la acción de estos dos países. Ya Irán anunció que si se aprueban nuevas sanciones, abandonará el Acuerdo firmado bajo el amparo de estos países y continuaran su programa nuclear, sin supervisión internacional.

Pero dejemos el juego iraní a un lado. Veamos un poco a los nuevos dos actores. En el caso de Turquía, la comunidad internacional está en deuda con este país que defiende el secularismo islamista y la estabilidad de la región. De tal forma, que buscar mayor atención de la ONU, es comprensible. Brasil, por otro lado, continúa con su agenda de líder mundial, que espera su lugar permanente en el Consejo de Seguridad. Sin embargo, los resultados no parecen halagadores. El papel de Brasilia en la crisis hondureña aún no se soluciona del todo, con la demanda ante la Corte Internacional de Justicia. Y el juego de Irán es un juego que está condenado de antemano al fracaso.

Ya la comunidad internacional ha invertido demasiado en solucionar el problema del programa nuclear de Irán, el riesgo que representa para los países vecinos y para toda la región. Solo un fracaso inmediato de este plan, le dará margen de maniobra a la diplomacia brasileña. A largo plazo, todos los participantes, incluido Brasil van a perder.

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