El conservadurismo británico y las relaciones con Venezuela


Esta semana el Reino Unido celebró sus elecciones parlamentarias, tal y como lo ha hecho en las últimas centurias. En esta ocasión se decidió el final de la era laborista, que hace 11 años Tony Blair inició con el fin del Thatcherismo.

En esta oportunidad, ninguno de los dos partidos tradicionales obtuvo la mayoría absoluta para controlar el Parlamento y formar un gobierno. La democracia parlamentaria británica es muy básica en el sentido del control directo de sus instituciones. Cada circuito electoral elige a un miembro del parlamento; y para ser Primer Ministro, el líder del partido debe obtener la victoria en su circunscripción personal. De tal forma, que el Primer Ministro es el Diputado electo cuyo partido obtiene la mayor votación.

Para la mayoría se requieren 326 miembros del Parlamento. En esta ocasión los Conservadores obtuvieron 306, los laboristas 258 y los liberales-demócratas 57. Por lo tanto, el apoyo de los Liberales sería decisivo; cualquiera de los dos partidos podría formar gobierno con su apoyo. Estos fueron los últimos esfuerzos de los laboristas para permanecer en el gobierno. Pero la oferta de 5 ministros para los liberales, fue difícil de rechazar.

El líder de los conservadores, David Cameron, de 43 años, educado en las instituciones más tradicionales del Reino Unido como el exclusivo Colegio Eton o la Universidad de Oxford, fue llamado por la Reina Isabel II para formar un gobierno. En este caso, el primer gobierno de coalición desde el fin de la segunda Guerra. La Agenda parece muy compleja.


Por un lado, el sentido de cambio que propuso Tony Blair no llegó a mover las bases de la política inglesa. Por otro lado, la crisis europea exige del nuevo gobierno medidas ingeniosas y que puedan generar la confianza necesaria para mantener a la libra esterlina como una moneda refugio y al Reino Unido como una isla de desarrollo.


En relación con América Latina y en particular con Venezuela, la agenda debe ser menos pragmática y más principista. Las expropiaciones que han afectado a los intereses ingleses en Venezuela, como el caso del Hato el Charcote o algunas inversiones de British Petroleum, encontrarán en Cameron un aliado más consistente.


En la esfera internacional, una nueva alianza con Obama debe nacer. El saliente Primer Ministro Brown y el legado de Blair y Bush en la guerra de Irak habían deteriorado el tradicional eje Londres-Washington.


Por ahora solo nos queda ver como en una situación de crisis se formulan coaliciones y esperar que el futuro de un nuevo conservador en el 10 del Downing Street se deje llevar mas por la juventud que sus tradiciones.

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