Los países del latinoamericanos debilitan a la OEA


Esta semana los países del Grupo de Río se reunieron para crear una organización internacional continental que agrupará a los estados del continente, excluyendo a los Estados Unidos de América, Canadá y algunos estados del Caribe.

Si esta iniciativa se materializa en la Cumbre de Caracas en el año 2011, será la tercera organización multilateral que nace con el mismo propósito: fomentar el dialogo y excluir al norte. Primero fue la Comunidad Sudamericana de Naciones, que evolucionó luego en UNASUR, que agrupa a todos los países del sur del continente; luego el ALBA, que en teoría agrupa ocho repúblicas en los mecanismos centrales y a un sinnúmero de estados que disfrutan de los diversos programas de cooperación técnica o petrolera. A esta lista, debe sumarse la desaparición del ALCA como esfuerzo de no fomentar el dialogo y la cooperación con el Norte. La cuenta preocupa.

Sin embargo, los sucesos posteriores a la cumbre: la muerte del disidente político cubano Orlando Zapata Tamayo y el Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre Venezuela, el subsecuente anuncio de retiro del país por parte del Presidente, muestran otra verdad. El silencio de la comunidad latinoamericana frente a la muerte del disidente cubano, con el apoyo de Brasil, Venezuela y otros que rinde pleitesía al líder cubano convaleciente, son frustrantes. Además las acciones de Venezuela en contra de la OEA y la Comisión Interamericana hablan de las fuerzas que niegan el avance del derecho y de la supervisión internacional en contra de las violaciones de los derechos humanos.

En los años setenta, los gobiernos democráticos del continente, con Venezuela a la cabeza, cedieron competencias a la OEA para que empujara a las dictaduras militares a un proceso de democratización que se esparció por el continente. Pero luego de más de tres décadas los estados parecen no estar dispuestos a permitir la continuación del avance de la supervisión internacional. Mientras las comunidades, los estudiantes, los medios de comunicación del continente, cada vez se acercan más al sistema interamericano: denuncian, solicitan y legitiman. Por el contrario, los gobiernos limitan el presupuesto de funcionamiento y minan su apoyo institucional.

Los valores que antes nos unían de paz, dialogo, supervisión común, respeto a la dignidad personal y participación de la sociedad civil, ceden paso a paso a la creación de nuevas organizaciones que sólo son clubes presidenciales, reforzando los poderes centrales de los gobiernos y poco a poco limitan las personas a meros votantes, cada vez que se les convoque. Retrocedemos, sin duda retrocedemos.

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