Cuba, la OEA y las reglas de la política


La política y la historia tienen reglas fatales e inexorables, no importa lo que pase, siempre se cumplirán. Una de ellas es que las cosas, las personas y los procesos políticos no son estáticos, siempre se mueven.

La decisión de la Asamblea General de la OEA de suspender la Resolución de 1962 de suspender a Cuba de la organización es la mejor muestra de que nada dura para siempre y lo que hoy puede ser bueno, mañana quizás no lo sea tanto.

En 1962 a Cuba se le suspende de la OEA por promover movimientos políticos que estaban en contra de las decisiones electorales locales y que además, seguían lineamientos extra continentales, en particular del Partido Comunista de la Unión Soviética.

La Unión Soviética ya no existe, el partido comunista como actor mundial ya no es lo que era, el continente se debate en perfeccionar sus democracias, pero en Cuba, todo sigue igual. Pero 47 años después, esa misma organización que tuvo que apartarla, hoy le tiende la mano.

Ahora bien, la OEA de los años sesenta y que definía el Che Guevara, no es ni la sombra de la actual organización.

Los principios y bases que sustentan el foro interamericano por naturaleza han cambiado; pero sobre todo se ha legitimado. El Sistema Interamericano de protección de los Derechos Humanos, con la Comisión y la Corte son los principales órganos de la institución para cientos de miles de personas y colectivos a lo largo del continente. Miles de personas han visto protegidos sus derechos humanos por parte de la OEA, indígenas, dirigentes políticos, ciudadanos, grupos, pescadores supervivientes de un caño en el Apure, familiares supervivientes del caracazo y de la tragedia de Vargas. Esa es la OEA legítima y cercana a la gente.

La Resolución aprobada por la Asamblea General de la OEA permite reabrir un dialogo perdido. Cuba puede regresar, pero bajo “las practicas, los propósitos y los principios de la OEA”, según la propia Resolución. Por eso, si Cuba se decide reintegrarse, deberá abrir el dialogo bajo los nuevos paradigmas de democracia en el continente. Cuba debe saber que al volver a la organización tiene una responsabilidad con su población y con la historia, debe abrir esas puertas al dialogo, si es que quiere sentarse en la mesa de la OEA.

Si ello no pasa, se estaría nuevamente eludiendo las leyes de la historia. El que no se adapta y evoluciona, muere. Si no, pregúntele a los dinosaurios.

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